Acostumbrados como estamos en la Costa del Sol a que todo se venda como "único", aunque sólo sea una copia exacta repetida hasta la saciedad, resulta muy difícil decir que algo es de verdad "único". La credibilidad de esta palabra está en esta costa nuestra por los suelos. Pero si hay algo que merece ese calificativo en nuestro entorno, ese algo es Sierra Bermeja.
Sierra Bermeja, una joya natural
Esta formación montañosa que se inicia en el municipio de Casares y que, ya rota en jirones, llega hasta Carratraca, es probablemente, el mayor afloramiento del planeta de rocas peridotitas, esas rocas ricas en hierro que al oxidarse, tiñen la sierra de rojo y le dan nombre, y que pueden admirarse perfectamente en sus zonas de laderas más abruptas, como las del Morrón del Zagalete.
Pero además, estas peridotitas son, con diferencia, las más jóvenes de todo el globo: apenas tienen unos 35 millones de años, edad que contrasta con los más de 200, 300 o 600 millones de años de otros afloramientos de importancia planetaria. Por si fuera poco, además, cuenta con algunos yacimientos minerales de gran rareza, como el filón de scheellita que se adentra en su subsuelo.
¿Se puede pedir más? Sí, se puede. Y Sierra Bermeja lo da gustosamente, pues también son peridotitas del tipo "fértil", es decir, que permiten el crecimiento vegetal aunque a decir verdad, con las duras condiciones que imponen los abundantes metales pesados. Hecho que las diferencia de otras peridotitas que sólo dan lugar a paisajes descarnados y lunares, sin apenas rastros de vida vegetal o animal. En cambio, Sierra Bermeja está colonizada por un sorprendente tapiz vegetal, que arrancaron a la excelente pluma científica de Domingo de Orueta los mayores elogios de todo su trabajo sobre la serranía rondeña, cuando glosa el paisaje de Los Reales y el Morrón del Zagalete, mitad rojos de piedra, mitad verde de pinos, como "el paraje más digno de admiración de toda la comarca".
Varias especies vegetales, alrededor de una decena, son exclusivas de estas piedras, lo que eleva a Sierra Bermeja a la categoría de "joya botánica". Especies que, por si fuera poco, son capaces de ceder suelo a otras especies no exclusivas, pero sí de notable interés científico y ecológico como pueda ser el conocido pinsapo (Abies pinsapo Boiss.), o el menos conocido, pero también muy interesante, pino resinero bético (Pinus pinaster Ait., subsp. acutisquama (Boiss) Rivas Martínez et al.), quedando aún sitio para que medren otras especies raras, amenazadas o de interés científico, hasta llegar a superar el centenar.
Esta "doble joya", geológica y botánica, que es Sierra Bermeja, aún guarda más sorpresas naturales. Y es que la escasa aptitud de los suelos bermejos para otro crecimiento vegetal que no sea el que ha evolucionado con ella, ha impedido la colonización agrícola de la misma, generando una gran barrera "salvaje" y despoblada en la que se refugian multitud de especies faunísticas de alto interés: desde águilas reales, culebreras y perdiceras, a cabras monteses, corzos béticos y gatos monteses.
En resumen, una triple joya que es la mejor corona de esta Costa del Sol.
Ismael Pérez Muñoz
Fotógrafo especializado en paisajes naturales |